Algo más de la Pandemia

Por: Aristides Sotomayor Herazo M. D.

El organismo humano está formado por varios sistemas, tales como el musculo esquelético que como su propio nombre lo indica está constituido por los músculos y los huesos; el reproductor que lo conforman el útero, los ovarios, la próstata y los testículos; el nervioso, formado por el cerebro, cerebelo, médula espinal y nervios periféricos; el endocrino donde están todas las glándulas; llámense suprarrenales, páncreas tiroides etc., el sistema urinario conformado por los riñones, los uréteres, la próstata, la vejiga y la uretra. El sistema hematopoyético incluye la sangre con todos sus fluídos, estructuras celulares, y la medula ósea que es la sustancia blanda que está en la parte interna de los huesos, la cual es la “fábrica de la sangre”.

Otros sistemas no menos importantes y que sobresalen en esta época de la pandemia son el sistema respiratorio y el digestivo, que tienen estructuras comunes tales como las fosas nasales o nariz, la boca y la garganta. El sistema respiratorio continúa con la tráquea, los bronquios y los pulmones; y el digestivo con el esófago, el estómago, el hígado, y los intestinos delgado y grueso. Otro sistema de vital importancia es el sistema cardiovascular, que incluye el corazón y todos los vasos sanguíneos.

Cada uno de estos sistemas del cuerpo está formado por diferentes órganos como enumeramos anteriormente. Todos los órganos de estos diferentes sistemas están constituídos o formados por infinito número de células; las que en primera instancia son atacadas por los virus, tal cual como está sucediendo en la actual  pandemia, donde el coronavirus que la causa (SARS COV2 o COVID -19) logra invadir, primero las células de las mucosas de la nariz, boca y garganta; al parecer donde demora un poco más de tiempo (1 a 4 días), para pasar posteriormente a la parte baja del sistema respiratorio (pulmones) y del tracto gastrointestinal; provocando los primeros síntomas de la enfermedad, después de la fiebre y el malestar general, como son la tos seca persistente, el dolor de la garganta, la dificultad respiratoria, la pérdida del gusto y del olfato, y posterior la aparición de la diarrea.

Para comprender bien que es lo que pasa, tenemos que recordar primero qué es lo que es efectivamente una célula y qué es lo que es un virus de RNA, como el coronavirus actual, y cómo éste logra invadir el organismo, reproducirse en él, incluso hasta matarlo, y salir también para contaminar a los demás.

Comencemos entonces por el principio y recordemos que las células son las unidades vivas más pequeñas que existen en el mundo y que pueden vivir solas y andar libremente como las bacterias y los hongos, o pueden vivir agrupadas formando tejidos como los que se encuentran en los diferentes órganos del cuerpo, tanto de los animales inferiores como del hombre, que es el que nos interesa hoy debido a la pandemia. Las células del cuerpo tienen en su interior una sustancia que se llama RNA, y el coronavirus está formado también por otra fracción de sustancia muy similar a ésta.

La mejor manera de estar metidos en este drama es recordar no solamente lo que es la célula si no, lo que es el famoso RNA de ésta y del que está formado el coronavirus.

Cuando una pareja de seres vivos multicelulares (cualquier animal o el hombre) copulan o tienen relaciones sexuales y se produce un embarazo, el hombre pone para la reproducción unas células llamadas espermatozoides, que salen de sus testículos y la mujer un sólo óvulo que sale de uno de sus dos ovarios, los cuales se atraen mutuamente por mensajes moleculares y en el tercio medio de la trompa o conducto que une el ovario con el útero se unen y cuando uno de los 5 millones de espermatozoides producidos en la eyaculación entra al óvulo, éste produce inmediatamente como una especie de coraza para que no entre más nadie, osea que los otros 4.999.999 espermatozoides se mueren, así que “qué suerte haber nacido”; de ésta manera se produce entonces la fecundación y se inicia una nueva vida.

Recordemos que las células no se unieron por sus membranas si no que el espermatozoide penetró en el óvulo, aportando la mitad del material necesario para que se desarrollara un organismo nuevo, o sea, no hay simbiosis o unión de superficies, sinó penetración o invasión.

Cada una de las células generadas de la fecundación tiene el material necesario para mantener la vida y permitir así la nutrición, el crecimiento, el desarrollo, la reproducción y la muerte; que aunque uno no lo quiera, también hace parte de la vida.  Las únicas células que contienen solamente la mitad de este material indispensable para el desarrollo de la vida son el espermatozoide y el óvulo, que al unirse se complementan.

Todas las células tienen tamaño, forma y funciones diferentes y miden entre 10 a 20 millonésimas  de las partes de un metro, o sea, que son demasiado pequeñas; o mejor dicho pequeñísimas; pero así se constituyen en las unidades básicas de la vida, que sólo pueden ser vistas a través de un microscopio. Lo más asombroso o increíble es que ellas tienen en su interior, unos órganos o partículas aún más pequeñas que desarrollan múltiples funciones muy importantes para sostener la vida.

Por otro lado, los virus son también millones de veces más pequeños que las células, porque son un fragmento de una de sus partículas internas, por eso se esparcen con el viento y entran en los organismos por donde quieran.

Todas las células del cuerpo tienen una parte central llamada núcleo que es una estructura fortificada, donde no puede entrar nadie (para hacerlo tiene que ser un microorganismo muy agresivo, como los virus); pero de él salen las sustancias que son necesarias para mantener la vida. Dentro de este núcleo se encuentra la máxima autoridad en el control de la herencia y el mantenimiento, no sólo de la estructura celular, sino de todo el organismo, ésta es la sustancia llamada Acido desoxirribonucleico (DNA).

Alrededor de este fortín o núcleo celular, que gráficamente podría considerarse como si fuera la yema de un huevo frito, se encuentra otra sustancia bastante liquida, llamada citoplasma que se podría corresponder gráficamente a la clara del huevo frito, cuyo borde se describiría como la membrana celular.

Esta membrana es la que opone la primera resistencia a la entrada de los diferentes gérmenes patógenos o dañinos (sustancias malas) y en el caso que nos interesa ahora es la primera barrera que el organismo opone al coronavirus.  Dentro del citoplasma (o clara de huevo frito) se produce una serie de reacciones químicas que le permiten a la célula crecer, producir energía para el cuerpo (mitocondrias), eliminar los residuos o sustancias de las células (Citosol); todas éstas funciones que se presentan en el interior de las células, es lo que normalmente se llama metabolismo.

Las células tienen además en su interior una información que reciben de sus antecesores que se llama herencia, lo que les permite hacer lo mismo que hacían sus antepasados para poder conservar o mantener la especie; esta información está en unas moléculas o cajas fuertes dentro del núcleo y es de donde salen las órdenes para producir el material correcto y necesario para la progresión de la vida. La molécula más importante dentro de este núcleo se llama DNA o ácido desoxirribonucleico y le sigue en orden de importancia el RNA o ácido ribonucleico, las dos son como el comando general para la  producción de las sustancias necesarias para la subsistencia; y ambas pueden ser atacadas por los diferentes virus existentes, algunos de los cuales pueden llegar a alterar la función y estructura celular, como lo hacen todos los insurgentes, delincuentes e invasores, hasta producir incluso la muerte.

Como habíamos dicho antes el DNA es una molécula que está dentro del núcleo y parece como una trenza abierta, que contiene toda la información de la herencia metida en unas pequeñas cajas llamadas genes; éste DNA es el que da la orden para que el organismo sea tal cual como el anterior y se comporte igual al de sus antecesores, o dicho de otra manera, dirige todas las actividades de las células, e incluso asegura su reproducción (ésto no lo hace el RNA que veremos más adelante), lo que quiere decir que cualquier daño o alteración de esta sustancia o molécula de DNA de la célula provoca cambios en el metabolismo, por ejemplo hace que aparezca la diabetes mellitus o que el feto nazca con malformaciones congénitas como por ejemplo labio leporino (Boquineto), o Síndrome de Down ( Mongólico). Todo esto depende de en cuál sitio de su estructura genética o cromosoma esté el daño; y si estas alteraciones no logran controlarse seguirán pasándose de generación en generación.

Como hemos dicho anteriormente, el núcleo de la célula o yema de huevo frito mide entre uno y cinco millones de partes de un metro, lo que quiere decir que es supremamente pequeño, pero, sin embargo, dentro de él, existen muchas estructuras importantes. Una de ellas es la que ya nombramos anteriormente, la molécula de DNA, que está formada por unas estructuras o segmentos llamados cromosomas. Para mayor comprensión de lo que es el DNA de la célula y cómo funciona, podemos compararlo con una cremallera que cuando uno la abre cada lado de la cremallera tiene 23 ganchos, que en el caso de que fuera el DNA cada gancho de estos podría considerarse que es un cromosoma, en donde está la información genética o el comando de cada una de las funciones del cuerpo (herencia).

Si un virus altera el DNA en cualquiera de estas estructuras, como lo hace por ejemplo el de la varicela, pueden aparecer varios tipos de enfermedades congénitas, porque se altera la información que ya traía la herencia.  Los genes o ‘ganchos’ de las cremalleras tienen toda la información necesaria para que aparezcan las características físicas que sean iguales a la de los padres, tales como el color de la piel, el timbre de voz, la forma del cuerpo, la estatura, el carácter, el temperamento, las enfermedades, el sexo y la duración de la vida; porque aunque uno no lo crea, la vejez o longevidad se hereda. Más adelante vamos a saber porque razón se nace hombre o se nace mujer en el caso de los seres humanos y macho o hembra en el caso de los animales inferiores.

Además de la transmisión de la herencia, el DNA tiene también una información que trasmite al citoplasma (clara de huevo), o mejor dicho, da órdenes para que se produzcan proteínas y otras sustancias nutritivas, ésto es así porque el núcleo deja salir al citoplasma toda ésta información necesaria a través de unas moléculas llamadas RNA, que son de vital importancia para que se lleve a cabo el metabolismo celular. Las RNA son de varias clases y están constituidas por un material similar al del DNA, pero no son iguales, y ojo que estos son a los que ataca el coronavirus. Hay un RNA que sale del núcleo y lleva la información a otros sitios dentro del citoplasma llamadas ribosomas, que son unas fábricas de nutrientes o alimentos. Este RNA que sale del núcleo y lleva los mensajes se llama RNA mensajero y es el que le copia la orden de trabajo a otro RNA que está dentro de los ribosomas o fábrica de alimentos que se llama RNA ribosomal, que también puede ser atacado por el coronavirus.

Tanto las proteínas del núcleo como el RNA salen a la calle (citoplasma o clara del huevo frito) a trabajar, pero aquí el jefe siempre será el RNA que solo recibe órdenes del DNA que siempre estará resguardado en el núcleo, porque es donde está más seguro y donde no arriesga la información genética, o por decirlo así, la herencia. En el citoplasma, o sea, en la calle el jefe siempre es el RNA, quien sigue recibiendo órdenes del DNA, las que tiene que cumplir estrictamente para que las características hereditarias no sufran ninguna variación y para que la célula siga creciendo, desarrollándose, multiplicándose y cumpliendo todas sus funciones vitales.

Si no hay ninguna interferencia, la vida continúa normalmente, pero cuando intervienen los enemigos todo cambia, y sobre todo si se trata de los virus, porque estos no atacan soldados, sino que van directamente a las cabezas o personajes más importante, o sea, los que comandan o dirígen todas las operaciones.

Éstos virus son pequeños microorganismos compuestos de pedazos o fragmentos de material genético similares o parecidos  al DNA o al RNA, que utilizan todas las células vivas de un organismo para producir las sustancias que están implicadas o comprometidas en su reproducción, crecimiento, desarrollo y función. Cuando son las células son atacadas por los virus, estas flaquean o comienzan a fallar; porque los virus reemplazan pedazos del RNA o del DNA celular por material genético viral, el cual ahora lleva órdenes a la célula de producir lo que los virus necesitan en vez de las sustancias que ellos emplean para su producción y el sostenimiento de la vida.

Cuando estos virus invaden el organismo comienza la guerra; y para protegerse, ellos mismos pueden producir sus propias membranas protectoras o digámoslo literalmente, sus chalecos antibalas, que también pueden hacerlos del mismo material de la membrana de las células del organismo que infectan o invaden.

Por si solos los virus no pueden vivir, o sea, no pueden replicarse o reproducirse, y es por eso que buscan afanosamente un hospedero que tenga y les supla de los materiales necesarios no solamente para su replicación o multiplicación; sino también, para producir sus propias sustancias o elementos necesarios para defenderse de los ataques del sistema inmune o de defensa del organismo al que han invadido o infectado. Los virus de RNA (Ácido Ribonucleico), como los coronavirus, el VIH y otros, transportan sus propias maquinarias para poder multiplicarse y defenderse, lo que les permita esparcirse rápidamente dentro de los organismos invadidos, que es donde encuentran el sustrato o material para vivir. O sea, que por fuera del cuerpo éstos no pueden replicarse o multiplicarse, o digámoslo de ésta manera, se mueren; y es por eso que apenas salen de un organismo vivo buscan desesperadamente otro que esté también vivo para invadirlo y sostenerse.

Los virus se esparcen rápidamente por el aire y de acuerdo a su peso son trasladados a diferentes distancias, depositándose en diferentes superficies, donde pueden permanecer activos por horas o por días, dependiendo de la clase de material de que esté hecha la superficie; por eso es que no hay que descuidarse y protegerse permanentemente de ellos, porque si no se multiplicas se acaban.

Para entrar a el organismo los virus necesitan células vivas, por lo tanto, no pueden entrar por la superficie de la piel hecha de células muertas, si no por las mucosas de las vías respiratorias (coronavirus), el tracto digestivo (adenovirus) y los genitales (VIH, herpes genital). También puedes ser transmitido o entrar al organismo por las transfusiones sanguíneas u objetos corto-punzantes como las agujas y otro tipo de objetos que produzcan heridas, o en algunos casos por picaduras de mosquitos u otros insectos.

Cuando logran pasar las barreras físicas del organismo y logran entrar, los virus son atacados inmediatamente por diferentes mecanismos de defensa del cuerpo, sea, el sistema inmunológico, que está constituido por varias clases de células y muchas sustancias o proteínas que ayudan a reblandecer y perforar las membranas de estos virus, provocando su destrucción. Éstas proteínas (interferón), también pueden unirse a las membranas de otras células del organismo para mandarle señales del peligro que las acecha, e indicarles también que deben activar sus mecanismos de defensa, y que, si no lo pueden detener, que se autodestruyan para impedir la entrada del virus, su multiplicación y propagación, porque es mejor que ellas se mueran antes que dejar entrar a tan terrible enemigo. Todos éstos mensajes se dan por vía molecular.  Estas proteínas del sistema inmune del organismo también dan aviso a otras células llamadas “células asesinas”, que son las que se encargan de matar a las células que ya están invadidas y ya no se pueden defender del virus.

Si la infección progresa, aparecen otras células llamadas linfocitos T, que producen otra barrera de defensa y que ayudan a formar un ejército. Estas se ponen de acuerdo con otras más inteligentes aún que se encargan de producir unas proteínas o sustancias que son como misiles llamadas anticuerpos, que tienen como objetivos neutralizar los virus, obstruyéndoles el camino de varias maneras. Estas células, si el organismo sobrevive, guardan en su memoria la estructura o identificación del virus para atacarlo apenas trate de entrar nuevamente, y son las llamadas células B, o linfocitos de memoria.

La intensidad de la infección depende de la cantidad de virus que recibe inicialmente el organismo, o sea, la carga de virus que pudo entrar al cuerpo, y de la cantidad de virus que tenga éste también en un momento determinado (ésto se llama carga viral), la cual entre más alta esté, mayor será la gravedad de la enfermedad. Lo que esto quiere decir es que hay que tratar de tener el menor contacto posible con las personas y los objetos contaminados, para que en caso de contagio la cantidad de virus que logren entrar sea reducida y la enfermedad no sea tan severa desde el principio.

Los virus también cuando entran y son atacados por el sistema inmune comienzan a producir una serie de sustancias que puede bloquear los mecanismos que produce el organismo para defenderse, incluso neutralizar los anticuerpos producidos por los linfocitos B o células de memoria inmunológica, y neutralizar también las barreras que producen las otras células que organizan las defensas, como los linfocitos T.

Los virus no solamente se defienden, sino también saben atacar, así que continúan tratando de bloquear todas las sustancias o mecanismos producidos por el sistema inmune, y como en toda guerra, “el que se espabila pierde”. Los virus buscan la manera de destruir y/o neutralizar el Interferón, que es una de las proteínas más importante del sistema inmune, porque es la proteína que da la alarma a las células y las previene contra la infección. Así que sí éste Interferón se bloquea, ya no hay alarma y se siguen infectando las células y neutralizando las ‘células asesinas’ que ya no se encargan de matar a las ya infectadas, de tal manera que estas siguen vivas y continúan reproduciendo el virus dentro de ellas; y así continúa también su diseminación tanto dentro como fuera del organismo, dañando todos los órganos y aumentando la contaminación.

El sistema inmune se desespera y activa más intensamente sus mecanismos de defensa, hasta el punto que se altera la función de sus propias células, tanto infectadas como no infectadas, en todos estos órganos y tejidos haciéndolos fallar más rápidamente, apareciendo entonces un cuadro clínico catastrófico que se llama falla multi-sistémica, lo cual pone en juego la vida del individuo, porque se altera la presión arterial, el sistemas respiratorio, el cardiovascular, renal y otros; aumentando extremadamente el riesgo de muerte.

Estos virus de RNA son muy agresivos y existen desde hace muchos años, como por ejemplo, el virus de SIDA, que es ancestral, o sea, demasiado viejo, es tan viejo que se ha encontrado hasta en momias egipcias. Otro es el grupo de los coronavirus, como el que nos está atacando, que tiene cuatro grupos existentes, que son Beta, Gama, Alfa y Delta. Este pertenece al grupo Beta.  Estos coronavirus se pasaron de los animales inferiores al hombre hace apenas sesenta años. Al comienzo producían cuadros gripales de leve a moderada intensidad, o sea, no mataban; pero lo que pasa es que ellos cambian mucho su estructura, ósea, que mutan rápidamente. Con el tiempo se vuelven demasiado agresivos, aunque también pueden reducir su agresividad, pero lo que prima es el aumento, sobre todo cuando se pasan de un animal inferior, llámese mono verde africano como el caso del SIDA, murciélago como el del Covid 19 actual y otros animales como el de los camellos, etc. Su agresividad se incrementa también cuando pasa de una persona a otra, sobre todo si ha sido atacado fuertemente por el sistema inmune.

En el caso específico del SARS-COV2 (Covid-19), o Corona virus productor o responsable de la actual pandemia, sabemos que entra o se introduce al organismo como todos los demás de su clase, por las mucosas de las vías respiratorias (nariz, boca, garganta y pulmones); además, de la mucosa de los ojos.  Duran de 1 a 14 días para hacer que aparezcan o no los síntomas de la enfermedad dependiendo de su carga viral inicial, tales como fiebre, tos seca, dificultad respiratoria, malestar general, perdido del gusto y del olfato, y/o trastornos gastrointestinales incluyendo la diarrea.   Parece ser que su primera estación la hace en la garganta donde permanece aproximadamente cuatro días atacando la mucosa para luego bajar a los pulmones, haciendo aparecer con mayor intensidad los síntomas.  Estos síntomas serán más marcados en los pacientes que ya tienen otras enfermedades o comorbilidades, como hipertensión arterial, diabetes mellitus, obesidad, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y otro tipo de enfermedad que comprometa su sistema inmune o de defensa.

La mayor agresividad del virus en estos pacientes es debido a que ellos tienen más altos en la sangre los niveles de una sustancia llamada Angiotensina II, que es una de las que controla las funciones de los vasos sanguíneos, del corazón, pulmones, riñones y el resto de los órganos del cuerpo. El virus tiene una proteína parecida a la Angiotensina II, por lo que entra por los receptores de la Angiotensina II en la membrana de las células, las cuales le facilitan sin saberlo la entrada al virus.

Si el sistema inmune o de defensa no funciona adecuadamente, el virus penetra rápidamente por las células de la mucosa del tracto respiratorio, invade la sangre (viremia) y se disemina por todo el cuerpo, haciendo estragos en continua pelea con las sustancias que produce el sistema inmune demasiado activado. Aparecen así alteraciones severas de la respiración, la función renal, la circulación y la coagulación, más específicamente la formación diseminada de trombos en los vasos sanguíneos pequeños o microcirculación.  De ésta manera, se produce una falla multi-sistémica, o sea, de todos los órganos, de la cual es muy difícil recuperarse.

Actualmente no existe un tratamiento efectivo o específico para la enfermedad, y los pacientes se tratan sintomáticamente, o sea, si hay tos, se le dá medicamento para la tos, si hay fiebre se controla ésta con antipiréticos como el acetaminofén; y en algunas partes del mundo, como se sabe que hay un gran proceso inflamatorio se utilizan los antinflamatorios tanto esteroides (Deflazacor, prednisolona), como no esteroides (Ibuprofeno, nimesulida, etoricoxib etc). En el caso de que sea muy demorado el proceso de recuperación, algunos utilizan antibióticos como la azitromicina, para controlar las infecciones secundarias producidas por las bacterias que más frecuentemente atacan el aparato respiratorio. Se discute mucho también el uso de medicamentos o drogas anticoagulantes para el manejo de la coagulación intravascular diseminada. Aún no está clara la utilidad de la cloroquina y sus derivados, como tampoco la de otras drogas que atacan directamente al metabolismo o proceso de reproducción de los retrovirus (no específicamente al coronavirus), los cuales al parecer hasta incluso aumentan el pronóstico favorable de los pacientes; o en otros términos aceleran su muerte. Todo esto está en proceso de investigación y experimentación, hasta el punto que en este momento no existe un tratamiento efectivo y seguro para el COVID 19.

Por otro lado aún no se ha podido producir una vacuna que ayude a controlar la enfermedad, pero ésto es entendible, porque para producir una vacuna efectiva se necesitan muchos pasos: hay que probar primero en los animales, a quienes se les contamina con el virus para después esperar meses a que su organismo reaccione y ver sí en su sangre aparecen la cantidad suficiente de anticuerpos capaces de neutralizar el virus y no dejarlo infectar el organismo; y hay que medir también cuanto tiempo duran estos anticuerpos en la sangre.

Y es más aún, sí el resultado es satisfactorio en animales, hay que probar la vacuna entonces en los humanos, utilizando primero un pequeño grupo de personas y someterlas al mismo proceso, para después sí los resultados son satisfactorios dar su aprobación, y entonces al fin poder producirla de manera industrial.

Además de lo anterior, hay que tener en cuenta la naturaleza del virus que muta muy rápidamente, o mejor dicho literalmente cambia de forma frecuentemente; así que se corre el riesgo de que cuando lo van a atacar con la vacuna, ya no encuentras al virus con iguales características; y eso es lo preocupante porque estos virus tienen ese comportamiento. Tanto es así, que el SIDA tiene aproximadamente treinta años de haber aparecido y todavía no se ha podido producir una vacuna efectiva en su contra.

De todas maneras, mientras aparece la vacuna, debemos continuar protegiéndonos rigurosamente, y tratando de conocer mejor al enemigo, porque entre más sepamos de él, más fácil será vencerlo o defendernos de su contagiosidad; por eso lo que hay que seguir haciendo es continuar conociéndolo, sacándole el cuerpo y atacándolo.

Los virus pueden ser trasmitidos de una persona a otra sin que ésta logre presentar ningún tipo de síntomas, y sin que nunca llegue a desarrollar la enfermedad. Estos son los llamados portadores sanos, y éstos podrían ser la mayoría de los afectados, lo que quiere decir, que en éstos momentos de pandemia todos podemos estar potencialmente contaminados.

En estudios hechos en clínicas y hospitales, se ha encontrado algo que puede ser extrapolado a las calles y el hogar; y esto es que el coronavirus tiene una vida limitada fuera del cuerpo, durando activo solamente cuatro horas en superficies de metal (cobre, acero inoxidable), un día en la ropa, madera y cartón, dos días en superficies de vidrio, cuatro días en el plástico y hasta siete días en la superficie externa del tapaboca. El tiempo que dura el virus activo en la piel y el cabello depende de cuan frecuente te bañes con agua y jabón.

Se cree que además de su transmisión por las micro-gotas de saliva, el virus se transmite quizás mayormente por el contacto de las manos con las superficies contaminadas. Es por esto que hay que hacer permanente limpieza de las superficies, primero con agua y jabón para remover todo el material contaminado, y permitir así después la acción de los desinfectantes. De esta manera se disminuiría fuertemente la posibilidad de los contagios, y en caso de que un contagio se presente la carga viral inicial sería mínima, permitiéndole mayor capacidad de defensa al sistema inmune del organismo.

Cuando se habla de superficies contaminadas se refiere a la superficie de todos los objetos que están alrededor de una persona, o sea, ropa, zapatos, bolígrafo, computadores, escritorios, llaves, libros, puertas, interruptores eléctricos, manos, brazos, cabello, llaves del carro, cerraduras, etc; que no han sido contaminadas por las goticas de saliva, sino también por las manos sucias de excremento o materias fecales de una persona contaminada, porque los virus también son expulsados en el excremento y pueden ser ingeridos por las personas (Coprofagia).

A todos los objetos capaces de contaminar a una persona, incluyendo los alimentos traídos de los mercados y supermercados, se les debe hacer primero limpieza con agua y jabón, lo cual destruye la membranita de grasa que tiene el coronavirus y lo inactiva. Después se hace la desinfección, que debe ser con alcohol mayor del 70%, hipoclorito, etc; los que deben permanecer en contacto con las superficies mínimo durante tres minutos, antes de su uso.

Éstas limpiezas y desinfecciones adecuadas deben hacerse mínimo una vez al día, pero ellas solas no son suficientes, y deben ir acompañadas del distanciamiento social (uno a dos metros entre una persona y otra), el uso continuo del tapaboca, el lavado frecuente y riguroso de las manos, y claro está evitar tocarse la cara con las manos posiblemente contaminadas.

Lo otro y no menos importante es que hay que hacerle caso a los médicos y agentes de salud pública que saben bien que es lo que está pasando, porque son los que nos van a ayudar a proteger contra el virus quién sabe por cuánto tiempo, porque el contagio depende también de cómo nos comportemos en nuestra comunidad.

Ésta pandemia es como “la peste de las gallinas” en los pueblos, las cuales caen muertas de repente, sin saber por qué.  Uno no debe olvidar que la vida es una sola y que hay que cuidarla, por lo que lo más recomendable es acatar las órdenes del gobierno nacional, quién está actuando bajo la orientación de autoridades mundiales expertas en los temas de salud pública, y que actúan de acuerdo a la experiencia obtenida en otras partes del mundo ya atacadas primero que nosotros por el coronavirus.

 

Amigo ¡siempre firme!:

Guarda la distancia (dos metros entre uno y otro).

Usa adecuadamente el tapaboca.

Lávate bien y frecuentemente las manos.

Y lo mejor, mientras puedas quédate en casa,

 

 

Autor: ARISTIDES SOTOMAYOR HERAZO M.D.

Internista – Cardiólogo

Cartagena, Colombia

 

Editor: RAMON EDUARDO FIGUEROA M.D

Neurorradiólogo.

Augusta-Georgia, USA.